
| Libys Martha Zúñiga Igarza | Anabel Reyes Ramírez |Roberto Pérez Rodríguez |Robbin Cabeza Ruíz |Judith Del Valle Suñol |
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desde las funciones del puesto de trabajo, en el primer caso, es la investigación, y
en el segundo caso, son las pericias tecnológicas, sin embargo, el desempeño
profesional de ambos, es el mismo a partir de la resolución de problemas en la
práctica social. En ese sentido, Alonso Betancourt et al. (2021), consideran que el
desempeño profesional es:
La forma de manifestación (expresión) por el trabajador en
formación continua del desarrollo de conocimientos, habilidades y
valores profesionales durante la realización de tareas y proyectos,
que cualifican y distinguen el cumplimiento de las exigencias
sociolaborales de los puestos de trabajo donde cumple las
actividades, tareas o roles inherentes a su profesión (p.24).
En otro orden, el término impacto, se reconoce como la operación y
resultado de un choque, impresión o efecto intenso producido por una acción o
suceso. En otra perspectiva, el impacto se examina como la forma en que un
resultado sea evidenciado o estime realidades, ya sean generales o específicas, en
la sociedad, el ambiente, la economía, la tecnología, entre otras áreas de
conocimiento. Estas evidencias o efectos pueden ser tangibles, intangibles, así como
beneficiosos o perjudiciales (Blundo Canto et al., 2020; Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico [OECD], 2023, Ministerio de Ciencia,
Tecnología y Medio Ambiente [CITMA], 2025).
La fundamentación teórica del presente artículo, se asienta en tres grandes
tradiciones de investigación: la teoría del capital humano, los enfoques de valoración
de los procesos curriculares del posgrado, y la sociología en el referido nivel de
estudios. En el desarrollo del capital humano, Schultz (1961) y Becker (1964)
establecieron que los procesos que inducen costos en educación generan
incrementos sostenidos en la productividad individual y colectiva. Mientras,
Psacharopoulos & Patrinos (2018) actualizaron estas tesis con evidencias globales
sobre tasas de retorno personales y sociales. En ese sentido, la formación académica
de maestría, devela potencialidades poco exploradas desde los impactos
socioeconómico que produce desde su desempeño profesional en su
interdependencia con el desarrollo territorial, que necesitan estudiarse.
En cuanto a la Evaluación de programas educativos, el modelo de Kirkpatrick
(1994) y sus adaptaciones contemporáneas proveen un marco de cuatro niveles -
reacción, aprendizaje, comportamiento y resultados- que ha sido ampliamente
aplicado en contextos de formación superior (Phillips, 2011). Este aspecto contribuye
a una perspectiva de procesos en el orden metodológico para la evaluación de
impactos que va desde el inicio hasta el cierre, desde las contribuciones que ayuden
a la retroalimentación del proceso y su mejora desde cualquier nivel, fase, o paso.
Mientras el Impacto social de la educación, Bourdieu (1986) y Coleman (1988)
aportaron perspectivas complementarias sobre el capital cultural y social como
dimensiones no económicas del valor educativo, fundamentales para comprender los
beneficios que trascienden el mercado laboral. Este aspecto en la actualidad es poco
tratado desde las ciencias técnicas, generalmente se trata desde los beneficios, los
cuales son complementarios a los efectos, pero se requiere diferenciar cuando el
efecto produce beneficios.